Col·leccions de Voliana Edicions

Entrevol (assaig), Voliac (narrativa) Voliac. Retorn al sol (ciència-ficció), Memòria, Voliac Poesia (poesia)

diumenge, 4 de desembre de 2016

Parlen les autores de Basc per a catalanoparlants

Reproduïm aquí els parlaments que van fer les professores Beatriz Fernández i Anna Pineda en la presentació el 25 de novembre del seu llibre Basc per a catalanoparlants.
L'editor havia remarcat en l'inici de la presentació que aquest llibre s'havia publicat a la col·lecció d'assaig Entrevol de Voliana Edicions, on d'onze títols 8 són de sociolingüística i s'hi troben títols tan significatius com "Poliglotisme passiu" d'un pedagog precursor de la sociolingüística com Delfí Dalmau, l'únic llibre en català de Juan Carlos Moreno Cabrera, èxits de venda de la sociolingüística com "Sociolingüística per a joves del segle XXI", testimonis tan interessant com "Ajudeu-me" de la brasilera Eliana Freitas o el recent "Teoria lul·liana de la comunicació".

Parlament de la professora basca Beatriz Fernández:

Bona tarda
Hay muchas y muy diversas formas de percibir las lenguas. Por ejemplo, es probable que un catalanohablante, como cada uno de ustedes, perciba que el euskera es una lengua muy diferente a la suya. Si nunca ha tenido la oportunidad de aprender  o al menos estudiar euskera, con seguridad entenderá poco o nada de una conversación entre vascófonos. Incluso, puede que cuando se inicie en el estudio de la misma, encuentre sobre todo diferencias y no concomitancias entre ambas lenguas.
Sin embargo, no es este sino el punto de vista contrario el que hemos tomado nosotras en este libro: en contra de lo que pudiera parecer, dos lenguas tan distintas como el euskera y el catalán se parecen mucho la una a la otra. Quizá no a primera vista, donde las diferencias se hacen más evidentes, pero sí cuando buscamos con la mirada y penetramos en los aspectos más íntimos y recónditos de las lenguas. Hay quien se detiene en las diferencias y no mira más allá, y eso es por supuesto legítimo, pero también estamos los que preferimos navegar en mares más profundos y buscar la esencia de las lenguas. Y ahí en lo más íntimo, las lenguas son básicamente iguales.  
Tampoco queremos engañar a nadie. Esto que decimos sobre el euskera y el catalán, podríamos decirlo sobre dos o más lenguas cualesquiera. Digamos que para nosotras cualquier lengua natural, en la medida en que es un exponente de una misma capacidad humana, innata y universal, se parece a cualquier otra lengua elegida al azar.
Dicho esto, nosotras hemos partido de una lengua en particular, el euskera, y hemos tratado de aproximarla no a los hablantes de cualquier lengua sino a los hablantes de catalán. Por lo que en estas páginas describimos, analizamos y comparamos ambas lenguas y no otras. Al hacerlo, necesariamente hemos hablado de cuestiones que difícilmente sobrepasan los límites de los foros de lingüistas, filólogos  o al menos de iniciados en la materia. Por poner un ejemplo, hemos hablado de cómo se ordenan las cosas en una lengua y otra. Cuando digo cosas, quiero decir, por ejemplo, dónde se coloca el sujeto, dónde el objeto y dónde el verbo. O por poner otro ejemplo, cómo se marcan en ambas lenguas el sujeto y el objeto.
Normalmente (y es muestra de la buena salud de la población), estas cuestiones no se tratan cuando uno no es un adicto a las lenguas, como lo somos nosotras sin remedio. Estas cuestiones suelen además despertar cierto recelo e inseguridad en los hablantes (¿he dicho algo mal? ¿está esto o aquello mal dicho en catalán, en euskera? ¿debo corregirlo?) o simplemente desinterés (puff, lengua, deja-deja) recordando seguramente las clases de gramática normativa de la escuela. Por eso, y porque en este caso, nosotras no buscamos interlocutores expertos que discutan con vehemencia y pasión sobre la naturaleza de un morfema, con tanta entrega que por un desencuentro intelectual puede llegar la sangre al río, hemos tratado de aderezar el texto con otras muchas cuestiones que circundan las lenguas y que posiblemente interesen más a los hablantes saludables, como la historia de sus gentes, la cultura, la gastronomía, la literatura, el cine…
También aquí hemos buscado referentes comunes. Hay semejanzas sangrantes como una Guerra Civil aún no resuelta; hay semejanzas también dramáticas como la dictadura y sus estertores y el eco desgarrado de los mismos en las lenguas y los hablantes. La represión lingüística, la prohibición, el exterminio lingüístico, cultural, ideológico. Afortunadamente, hay otras semejanzas más esperanzadoras como la transmisión de la lengua a pesar de la represión, la recuperación de la misma en ámbitos geográficos en los que se había perdido, y el acceso a ámbitos sociales poco o nada explorados previamente. La normalización y estandarización que permite entre otras muchas cosas que los periódicos se publiquen en determinada lengua o que el pronóstico meteorológico, que tanto preocupa a la población, se dé en dicha lengua y no en otra distinta; que se filmen las películas no en lenguas mayoritarias como en inglés o castellano sino en otras más humildes quizá pero no menos orgullosas como en euskera y en catalán. Y por último, hay otras semejanzas incluso más lúdicas y placenteras, como la gastronomía que es parte inherente a la cultura vasca y que compite por los primeros puestos del ranking mundial con los grandes chefs de la cocina catalana.

De pequeña, de niña, cuando tenía dolor de cabeza, único mal que padezco ya desde entonces, mi ama disolvía una aspirina en agua sobre una cuchara y le añadía un poco de azúcar. Aquello hacía más soportable el sabor amargo a una niña con un paladar ya entonces muy bien adiestrado en los grandes secretos de la cocina vasca. No sé si las cuestiones de las lenguas y especialmente aquellas en las que nosotras trabajamos, es decir, la sintaxis, la gramática tienen el sabor amargo de una aspirina. Para nosotras no, es evidente, pero sí para muchos otros hablantes. Es por eso que hemos endulzado el texto para que los hablantes de catalán puedan disfrutar del euskera y de su propia lengua quizá no con la pasión con la que nosotras disfrutamos de las mismas, pero sí al menos con curiosidad, con interés y sin temor. Al fin y al cabo, la lengua forma parte de nuestra idiosincrasia biológica, pero también de nuestra identidad cultural, de nuestro devenir histórico y también, esperemos, de nuestro futuro a corto, medio y largo plazo.



I aquí el parlament d'Anna Pineda:

Arratsalde on! Moltes gràcies per ser aquí: els que veniu de prop, el que veniu de lluny, els que m’heu volgut acompanyar en un dia que per mi és tan bonic, i els que no em coneixeu però us heu interessat per aquest llibre, per aquesta petita joia que avui presentem i que és una realitat gràcies a Voliana Edicions i el seu editor, Jordi Solé Camardons, que hi van creure des del primer moment.
Permeteu-me que us expliqui una història. Que és, de fet, la meva història.
Un dia, quan tenia 14 o 15 anys, vaig entrar en una botigueta d’un poble del nord de Navarra. Érem allà amb la família, havíem anat a passar-hi uns quants dies de vacances. Vaig traspassar la cortineta que separava la botiga del carrer, i de cop vaig ser conscient de moltes coses. Podríem fins i tot dir que vagi tenir una revelació! Jo era allà, a poques hores de cotxe de casa meva, i no entenia absolutament res de la interacció que presenciava entre la dependenta i els clients. I de cop, potser perquè les llengües ja em començaven a interessar de manera, diguem-ne, desmesurada, vaig decidir-ho: al setembre, quan tornés a Barcelona, començaria a estudiar basc sí o sí.
Però hi havia un problema: a l’Escola Oficial d’Idiomes de Barcelona només s’hi podia anar a partir de 16 anys, i jo no els tenia! No sé quin record té l’Aduna, que avui és aquí amb nosaltres i que és professora de l’Escola Oficial, d’aquella vegada, ara ja fa una bona colla d’anys, aquella vegada que, a principis de curs, van rebre la petició d’uns pares que volien inscriure la seva filla al primer nivell de basc, encara que no complís el requisit de l’edat. No sé com ho van viure des del Departament d’Èuscar, però sí que sé com ho vaig viure jo: per mi allò va significar un autèntic regal. Des de l’aleshores, i durant 5 anys (de primer a cinquè curs), el basc va ocupar un lloc primordial del meu dia a dia. Al principi, jo encara no sabia com n’arribaria a ser, d’important, per a mi, aquesta llengua.
D’entrada, sempre sentim dir que és bo aprendre anglès, alemany o xinès, que això ens ajudarà a trobar feina i progressar. Però, ves per on, per a mi acabaria sent el basc, aquella llengua petita, tan estranya i tan propera alhora, la que m’obriria més portes. En vaig tenir els primers senyals quan vaig començar els estudis de Filologia Catalana, just aquí al costat, a la Universitat de Barcelona, amb professors magnífics com la Neus Nogué, que avui ha acceptat d’acompanyar-me en aquest dia tan especial. Allà, en les assignatures de sintaxi, d’antropologia lingüística, de tipologia i tantes d’altres, ja anava veient que moltes coses que m’explicaven com a característiques un xic exòtiques d’algunes llengües, jo de fet ja ho coneixia i ho tenia integrat gràcies al basc. Ja sabia que hi havia llengües que posaven una marca diferent al subjecte segons si volíem dir que l’Andreu vindria a la presentació o que l’Andreu havia llegit el llibre. A classe de sintaxi m’ho explicaven parlant de verbs inacusatius, inergatius i transitius, però això, màgicament, ja ho havia interioritzat a les aules de l’Escola Oficial, gràcies a la destresa de l’Aduna, la Goretti i la resta de professors. Recordo també el dia que la professora Carme Junyent, a antropologia lingüística, ens parlava dels sistemes de parentiu en les llengües del món: de seguida vaig tenir clar que volia fer un treball sobre el sistema basc, perquè justament exemplificava una cosa que per a nosaltres, parlants romànics, és força curiosa: el fet que jo, per parlar de la meva germana, parlaré de la meva ahizpa, però si en canvi és un noi el que us parla de la seva germana, parlarà de la seva arreba. I el mateix amb els germans, és clar. Podria anomenar també el dia que a classe ens parlaven dels sistemes numerals, i en concret de la vigesimalitat. Ens van posar l’exemple, ben conegut, del francès, on per dir 80 diuen quatre-vingt; i a mi em feia gràcia pensar que el basc encara en tenia més, de vigesimalitat: per dir 40 diuen dues vegades 20, berrogei; i per dir 60, tres vegades vint, hirurogei i així anar fent. Ja ho veieu, doncs, algunes coses eren petites curiositats lèxiques o morfològiques, d’altres eren grans nocions de la sintaxi universal, però sempre, en tots els casos, per a mi saber basc va ser un puntal molt valuós.
Jo aleshores, en aquells primers anys d’anar dues o tres tardes setmanals a l’EOI del Raval, encara no sabia que el basc, de fet, acabaria sent important fins i tot per la meva trajectòria professional. No m’hauria pensat mai que acabaria fent una tesi doctoral on compararia aspectes de la sintaxi de les llengües romàniques amb la del basc; no m’hauria pensat mai que acabaria treballant, ara mateix, fent recerca lingüística, en un centre de Baiona, a Iparralde, al País Basc francès, com si fos la nostra Catalunya Nord. I el que sí que segur segur que no m’hauria pensat mai és que un dia m’escriuria una professora de la Universitat del País Basc, la Beatriz Fernández, per proposar-me que participés en aquest projecte. Un projecte que em permetia lligar les meves dues grans passions lingüístiques: el català i el basc, i sobretot tot el que els envolta: dues cultures extraordinàries, dues històries plenes de vicissituds, dos entorns socials no sempre fàcils, dues gastronomies igualment delicioses... en fi, dos món que en el fons no són tan diferents.
Ara que dic això que “no són tan diferents”. Si us heu fixat en la portada del llibre, a sota de “Basc per a catalanoparlants” hi teniu el subtítol de l’obra, que us diu que el basc i el català en el fons s’assemblen molt. I per què ho diem, això? No, no és només un truc de màrqueting. Ho diem perquè, si partim de la hipòtesi que tots els éssers humans comparteixen una gramàtica universal, ens adonarem que de fet les nostres dues llengües tenen moltes característiques en comú. Sense anar més lluny, tant en basc com en català podem ometre el subjecte d’una frase: podem dir perfectament “Sóc de Barcelona”, i en èuscar: Bartzelonakoa naiz. En canvi, en llengües que ens semblen molt més properes, com el francès o l’anglès, això de menjar-nos el subjecte no ho podem fer, i hem de dir Je suis de Barcelone o I am from Barcelona. El basc i el català, doncs, no són tan diferents. De fet, podríem dir que les frases en una llengua i en l’altra tenen el mateix ordre, però exactament a l’inrevés: M’explico: al llibre fem servir la idea que el basc és el món al revés del català, és com si miréssim el reflex de la nostra llengua en un mirall, on tot és igual però al revés. Potser heu estat perspicaços i ja us heu fixat en la composició de la frase Bartzelonakoa naiz, que és exactament ‘Barcelona...de...sóc’, Bartzelonakoa naiz.
Però bé, no deixeu que en aquestes hores d’un vespre de divendres una lingüista s’arrenqui a parlar de sintaxi, perquè potser demà encara hi seríem!
Deixeu només que us digui, per acabar, el que per mi ha esdevingut una petita gran veritat. I me n’he adonat amb els anys, després d’aprendre a parlar diverses llengües. Aquesta petita gran veritat és que el basc és la llengua més agraïda d’aprendre, de totes les que jo he après, si més no. No us imagineu l’alegria que llegia a les cares de les primeres persones amb qui vaig intercanviar poques frases quan, després d’haver acabat el primer curs a l’EOI, vaig anar al País Basc: jo era conscient que no podia dir més de quatre frases seguides, que a vegades en comptes de dir gràcies deia sisplau, i tantes altres coses, i ells, els interlocutors, aquella mestressa d’un baserri on havíem parat a comprar una mica de formatge, o aquell home a qui havíem de preguntar com s’anava a no sé on, tots ells, tots els meus primers interlocutors, també ho sabien, que no parlava bé, però se’ls omplia la mirada de joia, i tot eren paraules d’ànim, d’admiració i de felicitació. Jo, en el fons, no pensava que estudiar basc meresqués cap felicitació especial: el basc, en si, i en el bon sentit, era una llengua com una altra. Perquè sí, és veritat que sovint tenim al cap que el basc és una llengua difícil, però hem de ser conscients que aquest concepte és només relatiu: vull dir que el basc només difícil en la mesura que el comparem, per exemple, amb l’italià: sí, per a un catalanoparlant aprendre italià és segurament més senzill que aprendre basc, però el basc en si no és una llengua difícil. Si no, digueu-me què deu implicar per a un anglès aprendre la morfologia verbal d’una llengua com el català, una forma diferent per a cada temps i cada persona, quan ells, en anglès, tenen tan poca variació? I us imagineu la batalla d’un anglòfon per aprendre el gènere de les paraules, que si la taula que si el llibre, quan això del gènere és un concepte inexistent en la seva llengua? En fi, vigileu, que em torno a arrencar a parlar de llengua, i és hora d’anar acabant.
Només espero, per acabar, que aquest amor que em lliga a les dues llengües que avui són protagonistes també us arribi a vosaltres quan llegiu el llibre.

Zer esan ahal dut, bukatzeko? Mila esker guztiei etortzeagatik. Mila esker bi hizkuntza hauek maitatzeagatik. Moltes gràcies per haver vingut, moltes gràcies per estimar, com jo, el basc i el català.


Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada